Quitandome el aliento

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Literalmente, estoy sin aliento después de subir el sendero de 75 grados de inclinación hacia la torre numero 8, el resto de mi grupo todavía esta escalando la torre 6. No estoy en mal forma, sonrío. Como he llegado tan pronto hasta la cima? Quizas tenga que ver con la compañía que llevo a mi lado.

La mayoría de visitantes a la Gran Muralla China, en las afueras de Pekin, empiezan a ascender en forma gradual desde la torre 4.  Y es allí donde nos encontrábamos cuando escucho estas palabras.  ‘Mamá, te reto a subir a la  torre más alta, a ver quien llega primero!’  Necesita una respuesta rápida y accedo a competir con él. Acepto su reto con entusiasmo y pienso en ganar esta carrera, no se si pueda, pero voy a intentarlo.  No sé cuanto tiempo ha transcurrido pero sigo subiendo y estamos bien, ya he pasado las torres 5  y 6 sin problema, mano a mano,  el niño solo me sobrepasa por unos 20 metros, no es nada. Llego a la torre 7 y el sendero cambia, o lo estoy imaginando? Hay más gente delante mio, la inclinación del terreno más empinada, he perdido de vista al niño.

Empiezo a darme cuenta que era mala idea competir con un adolescente y esperar ganar. Las piernas me duelen por el esfuerzo y me falta oxigeno, a mitad de camino voy perdiendo motivación, no llegaré al final de la torre 7, es decir, la torre 8 ya está fuera de mi alcance.  Estoy luchando física y mentalmente para continuar la carrera, me siento agobiada.

No puedo seguir,  pero no sé de donde aparece el niño, y veo su rostro sonriente. Ha dado la vuelta y ha venido a darme el encuentro. ‘Que pasa mamá? Vas a dejar que la viejecita delante tuyo te gane?  Porque yo ya te gané!’ Se reía de mi. ‘Mira, mira, son gente mayor! Que ágiles son los Chinos! Vamos mamá, te falta poco, date prisa!‘  Los miembros de nuestro grupo de tour están todavía detrás, desde mi posición elevada en la torre veo como están agotados y entiendo su cansancio. Lo entiendo a la perfección.

Mientras mi hijo continua riéndose a carcajadas, pienso en voz alta, ‘Que bien lo estas pasando chiquillo!’y continuo con mi objetivo.

Minutos mas tarde y entre pausas para recuperar el aliento, casi llegando al punto mas alto de la torre 8 y felicitandome mentalmente, me doy cuenta que  el resultado de todos mis esfuerzos, y mi recompensa final,  no era  alcanzar la meta, sino ver el rostro de satisfacción de mi hijo,  escuchar sus risas, y  ver lo orgulloso que se siente de su madre.

En esos momentos únicos y especiales a su lado, nada  importa,  todo lo demás  se vuelve insignificante.  La Muralla China, solo un medio, el objetivo final, compartir momentos de felicidad con mi hijo.

Cuando la gente dice, ‘La vida no se mide por los respiros que damos, sino por los momentos que nos quitan el aliento’, sé exactamente a que se refieren.

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